martes, 22 de marzo de 2011

mannequin

Y entonces Antonia despertó cansada, como si hubieran halado sus extremidades toda la noche. De algún modo, o de otro no lograba sentirse cómoda, ni adoptar otra posición que no fuera de pie.
Ella no abría los ojos aun, sabia que era muy temprano, no percibía los rayos del sol en su cara, estaba oscuro. Luchaba contra su mente, para que se callara de una vez por todas, y dejara de quejarse.
Pasaron las horas, y con ellas, pasaron los días, hasta que finalmente despertó.
Ya consciente de su alrededor miró hacia abajo, no entendía por que había despertado de pie.
Estaba tiesa, no había movimiento en sus pies, estaba demasiado blanca, no encontraba el lunar que tenia en su pie, no eran problemas de visión, siempre había visto bien, ¿entonces que era?.
Ya preocupada empezó a gritar profundamente el nombre de su madre, hizo tanta fuerza que sintió que se puso roja y hasta sintió pequeñas gotas de sudor en su rostro, pero no valió de nada tanta fuerza, no salieron palabras.
Empezó a llorar tan fuerte, que sintió que sus ojos iban a reventar, pero no valió de nada, no salieron lagrimas, trató de secarse las lagrimas que nunca salieron y sus manos no se movieron.
¿que estaba sucediendo? estaban solas, su mente y ella.

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